miércoles, 10 de noviembre de 2010

DERRIBAN MORALES CON SU TALENTO

Inacabada en su ser, la guitarra espera silenciosamente a que su gran compositor termine esta maravillosa ópera. Por su débil llanto y por su inmensa soledad, la guitarra se ve incomprendida en un mar de sonidos. Desde sus indefensas cuerdas intenta emitir un grito de socorro a su fiel cuidador, como un niño huérfano le ruega a su padre. Su único consuelo es su compañero de guerra, siempre fiel a ella, el músico. Parece ser que él es sólo el que la comprende, la mima, la cuida y la respeta. Nunca la deja ir, nunca la deja partir, siempre va con ella aunque al infierno vaya.

Ambos tienen tiempo para el ocio: juguetean con las cuerdas, derriban morales con su talento, recorren curvas y curvas mientras las notas caen con una suavidad que transmiten serenidad y quietud.

Pero todo tiene un fin. Un día la dejará abandonada, con la ilusión de un nuevo reencuentro, hasta que éste se presente con otra. A partir de este momento, vuelve a estar como en un principio, descontenta, incomprendida, inacabada...

(Javier Merino, 3ºESO)

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